Espero
no tener nunca que caminar por los desiertos,

perdido
por aquellas soledades derrumbadas de cielo y de tierra.

Ni
verme el rostro reflejado en el cristal oscuro de un charco

sediento
de miradas de narcisos ahogados,

sino
clavarme las afiladas lenguas de las lunas caídas.

Ni
beber el frío de la noche

para
saciar así el infierno de todos los mediodías de mi
vida.

No
tener nunca que decidir

por
la espada terrible de la lucha o

el
muro de las lamentaciones y de los llantos amargos.

Sentir
la dicha de no ser nadie,

de
no tener a nadie,

de
no sentir el peso del tiempo ni de los paisajes que habiten

los
silencios de lo que yo sea, o no sea...

No
ser; y morir en paz,

a
la sombra de una chopera olvidada,

con
el susurro de un riachuelo que cante sin cesar

y
la compañía de todas las noches del resto de mi vida,

escuchando
feliz y descuidado aquella canción que repite sin cesar:

Midnight
at the Oasis...Midnight at the Oasis...